
Mi rostro empezó a cambiar el día en que me amé más, cuando ya no me importó que la gente me mirara, cuando en mi mente el enfoque no era agradar a otros, cuando me paré al espejo y simplemente me acepté…
Acepté que tenía canas antes de cumplir 40 y que no era envejecer. Que las pecas de mi cara no eran imperfecciones que necesitaba ocultar.
Mi rostro empezó a cambiar el día en que fui mi amiga y no mi más duro juez.
Porque el amor de verdad comienza con nosotros mismas, con sonreír al mirarnos, con no ver “nuestros defectos” y entender que somos bellas.
…Cuando llegues a este punto y te ames tal cuál eres, tu vida será mejor y olvidarás competir contra otras de tu edad, porque en definitiva no puede haber competencia cuando te amas de verdad.
Te lo digo… de mujer a mujer.
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