
Cuando el alma llora el mundo se detiene, no hay más movimiento que la nada. Todo se pausa. Pareciera que nos encontramos en un lugar completamente desolado, como un cuarto inmenso donde no hay nadie más, donde puedes ver hacia todos lados y no ves nadie más que a ti parada en el centro de todo, siendo el todo y la nada de tu propia existencia.
Y aun allí, en medio de la nada tienes que voltear y buscar una salida. Caminar aun sin energía de hacerlo. Continuar avanzando, porque en esa nada, no avanzar significa morir.
Y entonces, cuando veías todo perdido, comienzas a ver también un rayo de luz.
Tal vez muy pequeño, tal vez imperceptible para muchos, pero está allí.
Ahora síguelo. Recoge cada lágrima y entiende que cada una de ellas tuvo un propósito, pero que ahora toca avanzar. Porque en eso consiste la vida y mientras estés viva siempre habrá un rayo de luz.
Te lo digo…
De mujer a mujer.
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