LO MEJOR Y LO PEOR

Los hijos, la mayor bendición con la que puede contar una madre y la mayor de las alegrías en nuestra existencia.

Si pensamos en ellos, tenemos recuerdos y sentimientos encontrados.
Cómo mamás muchas veces tenemos que ser la mala, la bruja, la que no tiene corazón.
Pero si ellos supieran en realidad cuánto nos duele decirles “no”, frenarlos, hacerles ver la razón de nuestra molestia.

Seguro te ha pasado tener que castigar sin querer hacerlo. Seguro has sentido un nudo en la garganta y el corazón acongojado mientras en realidad quisieras no tener que cumplir la advertencia.
Advertencia que dicho sea de paso se les da para evitar que hagan algo incorrecto, pensando en que al hacerlo valorarán la situación y evitarán cometer el error.

Pero son personas, personas pequeñas que siempre intentarán tirar hacía el otro lado y tratarán de ver que tanto pueden jalar, que tanto logran estirar y hasta que momento tú como mamá les cumplirás la promesa.

Lo más curioso es la cantidad de veces que un niño, adolescente o joven, puede intentar la misma cosa para ver cuando se lo permitirás, y a veces, en el fondo, los vemos y pensamos -si esa misma determinación la enfocaras en las cosas importantes, tu vida sería grandiosa-.

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